Talleres de ginecología natural

Los talleres de ginecología natural suelen estar orientados por mujeres que si bien no son médicas, ginecólogas u obstetras, han dedicado mucho de su vida al reconocimiento de su propio cuerpo, y a la indagación sobre las propiedades curativas de diferentes plantas. A través de las redes sociales se encuentran cada vez más información sobre grupos de mujeres que se reúnen para discutir a cerca de la relación que han establecido con su cuerpo y los métodos y creencias que tienen para su autocuidado.
En la ciudad de Cali, que es el lugar que habito, la Casa de Encuentros Sanadores, un espacio de terapias alternativas y venta de productos ecológicos, organiza con cierta regularidad el taller de Ginecología Natural, dictado por Angélica Mondragón, una mujer que lleva más de diez años siendo instructora de yoga, tiene estudios en ciencias antropológicas y es masajista Thai.
Cuando pienso en la forma en la que he aprendido a cerca de mi cuerpo y sus ciclos, específicamente lo que se me ha enseñado sobre mi sistema reproductivo, mis genitales y mi sexualidad, lo primero que se viene a mi memoria son las clases de “ educación sexual”, asistí a un colegio de monjas desde los siete años hasta los dieciséis, y en mi época escolar ( los noventa y principios del dos mil) parece que una institución de provincia no se planteaba responsablemente lo que era hablar sobre la corporalidad, sus procesos biológicos, las implicaciones y representaciones sociales de la misma. Es posible que ni siquiera ahora, en “buenos colegios de ciudad”, se lo planteen. Pero para dibujar el panorama viene a mi memoria una monja de setenta años que nos decía que el cuerpo es sagrado y no debíamos tocarnos, que la masturbación ( no creo que utilizara esa palabra) era antinatural y que debíamos ser muy discretas y aseadas cuando nos llegara el momento.
¿El momento? Me lo imaginaba como una especie de graduación forzosa para titularme como mujer en riesgo de embarazo. Odié mi menstruación antes de que apareciera; Y respecto al encuentro genital todo lo dicho era un misterio, pues debíamos prometer como mujeres de Dios, guardar nuestra virtud. Solo en una ocasión, porque a la monja la trasladaron y trajeron como reemplazo a una profesora de literatura, tuvimos una conversación abierta, biológicamente acertada y alejada de la mojigatería, sin embargo todas las preguntas a cerca de mi vagina y su funcionamiento seguían dando vueltas en mi cabeza; más allá de explicaciones físicas , sentía la necesidad de comprender de alguna manera cómo lo hormonal se expresaba de formas emocionales, qué podría hacer yo con un cuerpo en el que encontraba una permanente sensación de extrañeza.

Siempre resolví “mis asuntos” recurriendo a mi mamá, que estaba más que dispuesta, pero poco informada, o mejor dicho muy bien adoctrinada. Aprendí a comprar pastillas antiespasmódicas y a conocer la opción más adecuada en la infinita variedad de toallas y tampones. Lo más cerca que estuve a un tratamiento natural en cuanto a los dolores menstruales o las infecciones vaginales, fueron un par de recomendaciones de mi abuela, casi siempre desacreditadas por algún médico que conocía y vistas de forma incrédula por mí. ¿Cómo iban a equivocarse años de investigación farmacéutica? ¿qué podían hacer unas cuantas ramitas de canela y manojos de hierbas ante la cápsula efectiva de ibuprofeno?

Pasaron muchos años entre mis inquietudes irresueltas y el conocimiento de otras opciones. El taller de ginecología natural dirigido por Ángelica Mondragón es un espacio que permite que las mujeres nos comuniquemos de forma abierta y directa sobre nuestros cuerpos, o al menos que lo intentemos. Como ejercicio de presentación no dijimos nuestros nombres, ni oficios, ni edades, si no que fuimos invitadas a compartir la historia de nuestra menarquía: ¿ cómo fue ese día , esa noche? ¿ quién nos acompañó o cómo transitamos la soledad de sangrar?, un círculo de 12 mujeres hablando sobre su experiencia menstrual. Relatos conmovedores, graciosos, mundanos, pero todos significativos. Establecer una conexión inicial con una mujer de la que no sabes más que su historia menstrual, es una forma reveladora de acercarse a lo humano y traspasar tabús.
A partir de esta pregunta se dio inicio a un encuentro de tres horas, en el que reconocimos las fases de la menstruación y asociamos arquetipos a las mismas, identificando la condición cíclica del cuerpo y de la mente. Cada mujer habló de las características singulares de su ciclo menstrual, los dolores, coloración, emotividad, prácticas y creencias, de la forma en la que los hombres de su vida ( padres, amantes, amigos, jefes) se han referido a su cuerpo. De esta manera se construyó un panorama colectivo que nos permitió reconocer los miedos y avances de cada una.

A través del taller pudimos reconocer formas alternativas de contención de la sangre menstrual, como la elaboración de toallas de tela o el uso de la copa , ejercicios y prácticas alimenticias para después de un aborto, la aplicación de hierbas y aceites esenciales para palear los efectos de enfermedades de transmisión sexual, entre otros conocimientos que pueden resultar significativos en las prácticas cotidianas del autocuidado y la sexualidad.
Aprendimos a identificar algunas de las plantas y raíces más comunes que podemos utilizar para disminuir los cólicos menstruales, las infusiones o emplastes que pueden fabricarse con las mismas: jengibre, borraja, hinojo, manzanilla, salvia, canela, caléndula, albahaca… toda una enciclopedia vegetal al alcance de la mano.

Una de las propuestas que se gestaron dentro del taller fue la de que cada mujer llevara un diario menstrual que le permitiera identificar con claridad las características físicas y emocionales que se manifiestan durante sus ciclos. La encargada del taller señaló una de las implicaciones esenciales que este tipo de bitácora puede tener: el conocimiento preciso de las fases pre-menstruales y ovulatorias como guía natural de planificación anticonceptiva, además de surtir un efecto de compañía y aprendizaje interior.
El objetivo primordial de los talleres de ginecología natural es vivir una experiencia pedagógica, cuestionar la relación con lo corporal, autoevaluarnos respecto a la relación con nosotras mismas, los cuidados que nos brindamos, la información que recibimos y a lo que realmente llevamos a la práctica.
Angélica Mondragón
Como cierre de la sesión cada mujer fue invitada a narrar su experiencia emocional, cada una eligió las plantas e inciensos con los que sintió mayor afinidad y se obsequió un cuaderno como invitación a registrar desde la escritura el camino que cada una emprende respecto a su cuerpo.

El centro de la discusión no pasa por la necesidad radical de elegir un mundo u otro, por condenar de forma arbitraria los logros de la farmacología o enaltecer desmedidamente los saberes ancestrales, sino por el reconocimiento de las alternativas que existen, las posibilidades que nos ofrece el jardín, y sobre todo la oportunidad de elegir con qué métodos nos sentimos más a gusto.
Fotos: Alejandra Lerma




























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