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Creencias Ancestrales

  • 5 may 2017
  • 7 min de lectura

La sangre ha ocupado un lugar importante en la historia de la humanidad, el líquido vital ha tenido una carga simbólica y mística significativa , a la que se le han atribuido poderes y virtudes milagrosas en las distintas culturas alrededor del mundo. Así mismo al sangrado menstrual se le han otorgado diversos significados, rodeándolo de infinitos tabúes y creencias desde las sociedades primitivas hasta hoy.


En casi todas las culturas la sangre menstrual es un fluido poderoso, asociado con la fertilidad y con los ciclos de la vida y la muerte, en los estudios antropológicos transculturales sobre la menstruación, el debate ha girado en torno a la asignación de valores negativos y positivos que se han dado en los tabúes menstruales, teniendo en cuenta en la discusión temas como la presencia o ausencia de la dominación masculina, el status positivo o negativo dado a las mujeres y los poderes beneficiosos o mortales de su sangre.


Según el profesor Miguel Ángel Alarcón[1], en las culturas indígenas de diferentes partes del mundo se ha creído que el fluido menstrual fue causado por primera vez por la mordedura de un animal en la región genital de la mujer, lo cual dio origen a los seres humanos. El animal que se presenta ha variado en los diferentes relatos: un lagarto, un oso, un cocodrilo, una serpiente o un pájaro, pero de todos, la serpiente ha sido el animal que más han relacionado como causa de la menstruación, por ejemplo, en tribus de México, Brasil, Norteamérica y Bolivia.


Entre las tribus del sur de Australia se creía que era causada por los arañazos en la vagina de un animal que se movía con los cambios de la luna. Para las tribus de Nueva Zelanda la menstruación era producto del aborto de un ser que no pudo formarse en el vientre. Para los Mayas la menstruación y el parto están vinculados a la diosa de la luna, a veces conocida como la señora sangre o Ixchel. Los mayas Quiche se refieren a la menstruación como “la sangre que proviene de la luna,” mientras que los mayas Itzá dicen “su luna es bajada” cuando una mujer menstrúa. En Colombia los wayúu, también creen que la luna es la responsable de la menstruación, las niñas que reciben su menarquia deben someterse a un encierro por un periodo de tiempo que puede llegar a durar hasta un año, en el cual aprenderán los valores y quehaceres necesarios para ser mujer.


El valor positivo o negativo que se otorga a la sangre y al cuerpo menstruante varía en cada región o contexto, por ejemplo, para algunas indígenas en África no es permitido mirar el cielo si están menstruando porque podrían atraer tormentas. En algunas tribus de Angola se pinta la cara o el cuerpo de la mujer para identificar su condición durante esos días y en parte del Congo no pueden cocinar si los alimentos van a ser consumidos por hombres.


Según el artículo “Representaciones de vida y muerte en torno a la menstruación entre los Mayas y otros grupos mesoamericanos” las mujeres eran marginadas de las fiestas religiosas, pues se consideraba que debido a su ciclo menstrual contaminarían las ceremonias. Para prepararse para los rituales, los hombres debían evitar no sólo el contacto sexual, sino cualquier tipo de contacto, incluso el visual con las mujeres, pues de no ser así no se lograría la purificación. (López, 2011: 234)

Entre la cultura Tairona, en la Sierra Nevada de Santa Marta, la ceremonia de iniciación, de la primera menstruación, se celebra con un ayuno que les da la bienvenida a la vida fértil. Entre los Kuna-Tules de los golfos de Urabá y de San Blas en Colombia y Panamá, respectivamente, las adolescentes que tienen su menarquia son celebradas con numerosos ritos y fiestas que las inician en su vida fértil, pero también en su capacidad de ser esposa, rol muy importante en la tribu, pues son las mujeres quienes ejecutan los trabajos más difíciles.


Entre los indígenas de las etnias Emberá, Emberá-chamí y Waunaan, en los afluentes del río Atrato al suroccidente de Colombia, es frecuente el uso de adornos de plata en la fiesta de iniciación de las mujeres. A la niña que experimenta su primera menstruación le pintan el cuerpo y la visten con una paruma (falda típica) de tela roja, además ponen una corona de monedas en la cabeza, lo cual se complementa con flores, perfumes y un velo rojo que le oculta el rostro.


Según Alarcón, gran parte de las creencias negativas se mantienen aún en todas las culturas del mundo, por ejemplo, las señoras inglesas creen que la leche manipulada por una mujer durante el período menstrual, no puede convertirse en mantequilla; en Galela, una ciudad en Indonesia, no se les permite entrar a los campos sembrados con tabaco; en Sumatra tienen prohibido entrar en los sembrados de arroz; en Saigón no se les permite trabajar en la elaboración del opio para evitar que este se ponga amargo; en la tribu Kafir del sur del África creen que si una mujer bebe leche, la vaca puede caer muerta y en algunas regiones de Francia creen que si entran en una fábrica de azúcar pueden echar a perder este producto. [2]


Contrario a estas creencias y percepciones negativas, según Lara Owen, autora de “Her Blood Is Gold: Celebrating the Power of Menstruation” (Su sangre es oro: Celebrando el poder de la menstruación), en la antigüedad diversas prácticas estaban vinculadas al sangrado de las mujeres y este tiempo era considerado especial, además la sangre tenía un poder mágico. Este líquido era sagrado para los Celtas, los antiguos Egipcios, los Maorí, los primeros taoístas, los Tantristas y los Gnósticos.


De acuerdo con Adriana Filgueiras[3], psicóloga que retoma en sus trabajos a Owen, la palabra ritual proviene de RTU, que en sánscrito significa menstruación. Para Filgueira, tal vez la primera sangre utilizada en antiguos rituales fue la menstrual, porque es la única sangre que se puede obtener sin provocar daño físico. Además menstruar podría ser el rito más cotidiano que celebramos las mujeres.


Según Owen, en la tradición norteamericana, las tribus Sioux, Lakotas y Sénecas le llamaban “período de la luna” a la menstruación, dando cuenta de la relación entre los ciclos de la luna y los ciclos hormonales femeninos. Cuando una mujer menstruaba se la consideraba en su momento más poderoso física y espiritualmente. Las mujeres se retiraban a un recinto especial a pasar su sangrado. El periodo menstrual se consideraba como el tiempo en que una mujer se encontraba en el nivel más alto de su poder espiritual, durante el cual la actividad más apropiada era descansar y acumular sabiduría.


Por su parte, los Shuar (de la selva ecuatoriana) mantiene un ritual que llaman “pago a la tierra”, éste se realiza una sola vez en la vida, idealmente cerca de la primera menstruación y requiere de mucha preparación, según Filgueiras, el ritual termina con la construcción de un altar para recordar lo sagrado de aquel momento. “Cuando comienza la menstruación, se dejan gotas de sangre sobre todo el conjunto de ofrendas que muy cuidadosa y detalladamente hay que recoger con determinada intención y “pedidos”. Al rezar durante la ceremonia se solicita la reconexión con la madre tierra y la alineación del ciclo menstrual con los ciclos mayores de la vida, de ese modo despertamos una memoria en el cuerpo que recuerda que está unido al resto de la naturaleza de una manera armónica”.


Para los mayas entre los rituales que preparaban a la mujer para la vida fértil y la insertaban en el contexto de las mujeres reproductoras está el llamado Kay Nicté (Canto de la flor), “en el que se narra una ceremonia de jóvenes vírgenes que danzan desnudas bajo la protección de la luz de la Luna, astro que gobierna los ciclos vitales; bailan junto a una poza de agua dentro de la espesura del bosque escondidas de las miradas de extraños.” (López, 2011:235)


La Luna tiene un importante papel en el rito ya que está estrechamente vinculada con la menstruación y fertilidad de las mujeres, esta concepción se relaciona con el hecho de que el periodo menstrual tiene una duración similar a la de los cambios del astro. De esta manera, se considera que el cuerpo femenino es sensible a los ritmos del cosmos. “Debe señalarse que las diosas Mayas se identificaban con el cuerpo celeste. La Diosa I o Ix Chel con aspecto juvenil representaba la fase creciente y la Diosa O o Ix Chebel Yax y con aspecto senil, personificaba la fase lunar decreciente” (Cruz, 2005:29, citado por López,2011:236).


Entre los antiguos Nahuas la raíz metztli “Luna” forma parte de los términos dados al flujo menstrual. La vinculación del ciclo menstrual con la Luna se incluye en la concepción actual de los Nahuas de Xolotla, quienes consideran que cuando hay Luna llena o recia, chicahuac metztli, las menstruantes sangran poco; al contrario, cuando hay Luna nueva o tierna, celec metztli, las mujeres tienen flujos menstruales abundantes. (López, 2011: 237)


La ambivalencia que presentan las creencias alrededor de la menstruación ha provocado que las mujeres sean consideradas benefactoras y perjudiciales al mismo tiempo. Para López esto determina en buena parte el lugar que ocupan en las sociedades indígenas tanto prehispánicas como actuales. De igual manera, permite ver la percepción de los géneros y las relaciones que en la práctica se sostienen. “Las diferencias biológicas son innegables entre los géneros, sin embargo, a partir de una diferencia se establece una relación de desigualdad y con ella todo el conjunto de valores y creencias, normas y prácticas, símbolos y representaciones acerca de lo femenino y lo masculino en las sociedades” ( López, 2011: 245).


Aunque la sangre menstrual siempre será una fuente de múltiples significados y acciones, dependientes del contexto en el que se manifieste, el reto cultural y simbólico de trascendencia reside en la posibilidad de dignificar esta experiencia, permitiendo que las mujeres puedan vivir su corporalidad con armonía, lejos de la culpa y el ocultamiento.




[1] Alarcón, M. Á. Algunas consideraciones antropológicas y religiosas alrededor de la menstruación en Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología. vol.56 no.1 Bogotá. 2005. Recuperado el 2 de mayo de 2017, de http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-74342005000100005


[2] Alarcón, M. Á. Algunas consideraciones antropológicas y religiosas alrededor de la menstruación en Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología. vol.56 no.1 Bogotá. 2005. Recuperado el 2 de mayo de 2017, de http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-74342005000100005


[3] Ritos menstruales en la tradición histórica. Recuperado el 2 de mayo de 2017, de http://adrianafilgueiras.blogspot.com.co/


 
 
 

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